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Boletín 016, lunes 4 de abril de 2011 Con la artista Graciela Gómez
*La muestra pictórica se inaugura este miércoles 6 de abril a partir de las 7 de la noche, en la Galeria Espacio Abierto del museo. La artista, ofrece el jueves 7 una visita guiada.
“El agua, el aire, la tierra con su fauna y flora y el hombre, siempre el ser humano, artífice de su propia existencia, son protagonistas y escenario donde transcurre el instante fugaz que busca presencia permanente, espíritus que se hacen visibles, música, colores, aromas y sabores que constituyen el patrimonio inmaterial de un continente”, así describe la artista Graciela Gómez el sentir de su obra que se ve plasmada en la exposición ‘América, América’, que se inaugura este miércoles 7 en el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo Quinta de San Pedro Alejandrino. América es un continente extraordinario y en esta Serie “América, América”, se ha querido enfocarlo con diferentes miradas: ancestral, antropológica, mítica, ecológica y futurista, explica la artista, quien dice que se encuentran referencias tangenciales de nuestros mitos que subyacen en el intelecto colectivo, atados a la propia realidad con sus raíces y su entorno. Graciela Gómez trae al Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo Quinta de San Pedro Alejandrino una muestra interesante de color e identidad, que será abierta desde las 7 de la noche y estará colgada en la Galería Espacio Abierto; complementario tendrá una visita guiada el jueves 7 de abril, a partir de las 4:30 de la tarde. La obra de Graciela Gómez es reconocida en Colombia, Chile, Argentina, Brasil, Estados Unidos, Dinamarca, Hungría, Francia, Ucrania, Yugoslavia y España. La artista ha desarrollado una particular línea artística en la que crea imágenes geométricas entrelazadas que interactúan con los diferentes trazos y conforman intrincadas imágenes. El espectador percibe como rasgo característico, la composición armónica que se establece entre las formas y los colores, lo que produce la sensación de múltiples figuras simultáneas en el mismo espacio. En pocas oportunidades el arte contemporáneo llega a ser o se adecua al surrealismo, no obstante en la pintura de Graciela Gómez se encuentra incorporado a su gran cantidad de contenido y a su técnica. Con estilo personal “En la obra de Graciela Gómez se aprecia una cualidad corpórea, a partir de la cual con un estilo muy personal se recrea de forma danzante y libre la esencia del continente. La muestra es una danza infinita que se aprecia en cada uno de los planos que forman sus composiciones, en donde la vista pasa de ser un simple elemento sensorial a ser el registro de movimientos y formas vitales que sugieren dentro de una fuerte intención estética, una línea y un uso de elementos geométricos expresivos”. Explica que su obra está conducida bajo un notable estudio del color y la técnica, esta exposición intenta sumergirnos en la majestuosa selva de nuestra memoria histórica y natural circundante, haciendo visible dentro de ella una magia móvil con direcciones cíclicas, que dejan al descubierto el imprescindible genius loci o espíritu del lugar. La curadora Stefannia Doria Rincón dice que la exposición “lleva de manera armoniosa un sutil vistazo hacia nuestra tradición pictórica del muralismo y el indigenismo latinoamericano, pero siendo traducida en una figuración renovada, eufórica y enérgica, sin perder la encantadora esencia femenina que se fusiona con todo aquello que contempla el exotismo y la riqueza de paisajes, que caracterizan a este lado del planeta”. Obra elogiada “El colorido es fuerte, vital, vigoroso, impetuoso, mágico, cálido, invitante, acogedor... Sus rostros contrastan en forma decisiva con el sentimiento de este color, ya que en forma muy expresiva denotan abandono, indulgencia, aflicción, tristeza, dolor, melancolía y soledad”. A su turno Torok Sándor dice que Graciela Gómez es una artista universal. Irradia una alegría y una vitalidad mediterráneas, ennoblecidas en la atmósfera cristalina de los Andes, las cuales definen todo su ser y el fondo de su naturaleza. El antropocentrismo sugestivo de sus obras es vigoroso y fascinante. Las virtudes y ambiciones sublimes de la existencia humana reciben en la obra de Graciela Gómez una formulación visual de impacto monumental, por su estilo personal, su técnica, por las características morfológicas de su expresión artística, por su mundo de colores y por la increíble capacidad de composición plástica que en ella es innata. A diferencia de lo que hasta ahora ha sido el tema central de la pintura latinoamericana, que, guiada por un compromiso político, ha divulgado las ideas revolucionarias en murales y retablos de gran formato, al tiempo que daban a conocer al mundo la bestialidad de las dictaduras militares que castigaban a los luchadores de la libertad con una tortura brutal, el suplicio inhumano y el sufrimiento físico, las obras de Graciela Gómez transpiran el calor de un humanismo profundo, del amor, de las ganas de vivir, del anhelo por la felicidad, de la sinceridad, de la pureza del alma y de la paz. Su preocupación por el presente y el futuro de la humanidad, convierte en dedicación suya el problema de la interdependencia y la reconciliación de los pueblos y de las razas, así como el noble propósito del amor por la naturaleza, de su protección y de la convivencia armónica con el entorno. Es lo que intenta ahora con su arte y con una aspiración extendida a todo el mundo civilizado Graciela Gómez. Esta bogotana filigrana, de perpetua agilidad, firme conciencia y asombrosa fuerza moral. Hay que creer en la fuerza redentora de la cultura, capaz de crear y confiar en la amistad pacífica de los pueblos de la Tierra. Hay que creer y confiar en la sinceridad de las abiertas miradas humanas dirigidas tiernamente a nosotros desde los cuadros de Graciela Gómez, en el calor de esos grandes ojos diáfanos que pueden ser símbolos de la fe en la humanidad y en el futuro, como la Blanca Paloma de Picasso. |