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Una vez más Beatriz Nogales nos asombra con obras de profunda carga simbólica. Sitúa sus personajes femeninos en un territorio sagrado. Se introduce en las profundidades de nuestro continente, rescatando un mundo mítico. La idiosincrasia americana es fuente permanente de su inspiración.
La temática es abordada con una riqueza plena de significaciones. El agua como símbolo de gracia, de purificación, como contenedor y fuente de vida, que fluye, que da y recibe. Signos y símbolos de la fecundidad están presentes en su obra, hace una alusión a un pasado arcaico enigmático del origen de las cosas.
Alude a las deidades relacionadas con el agua. Los pueblos primitivos divinizan los ríos, los lagos y los manantiales. En la cosmovisión andina el dios pre inca del agua, la lluvia y los vientos Pariacaca, era considerado un dios creador. De acuerdo a sus leyendas el propio sol, la luna y las estrellas emergieron de las profundidades de las aguas.
Para los aztecas en el mito del origen de los cinco soles, que narra las sucesivas creaciones y destrucciones del cosmos, el agua es fundamental. La diosa Chalchiuhtlicue, compañera del dios del agua Tlaloc, simbolizaba su parte femenina y se vinculaba con la fertilidad, pero también con los poderes de purificación del cuerpo y el corazón. Chaac, dios de la lluvia maya, se relacionaba con las aguas internas del ser humano, con la energía creadora de éste.
En el mundo prehispánico el agua fue una esencia sagrada, capaz de dar la vida y de sostenerla. Desde su pasado más remoto se valoró su importancia creando a través de ella la visión más profunda de la vida. Es esta cosmovisión, que establece una relación sagrada con la naturaleza, la que nos presenta Beatriz nogales. Penetra en un mundo de esencias, donde la vida emerge. Explora mundos visibles e invisibles en forma sugestiva y nos introduce en ellos.
A través de sus pinturas nos hace presente la palpitación del universo, que converge con el mundo perceptivo de la artista. El discurso que surge a través de las imágenes no abandona la sutileza evocadora que la caracteriza. Estas impresiones visuales se tornan borrosas y fugaces. El lirismo de las imágenes trasmite una sensación de luz y ligereza. Son obras ricas en matices y contrastes, donde el ejercicio de tonalidades crea una atmosfera mística.
Beatriz Nogales nos proporciona una enriquecedora percepción sensible de la realidad, donde conjuga el pasado con el presente, propiciando contactos con la naturaleza. Sabe escuchar y descifrar el poder de las fuerzas naturales, estableciendo entre el hombre, el cielo y la tierra y el agua relaciones armoniosas.
Beatriz Huidobro Miembro AICA, México
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